jueves, 19 de marzo de 2009

Todos diferentes, todos iguales




... y siguen llegándonos noticias de malos tratos. Hombres que agreden a sus parejas o las asesinan con tremenda frialdad después de toda una vida en común; padres que golpean a hijos, e hijos que matan a padres sin el menor sentimiento de apego, pese a compartir la misma sangre; individuos de una misma sociedad que se atacan como ni siquiera los animales lo harían.
Casos y casos que vemos continuamente en los medios de comunicación, sin embargo, son muchos más los que acontecen pese a no ser difundidos mediaticamente.
Hablamos de machismo, xenofobia, locuras y otras enfermedades que, si es verdad que existen, no son la única causa de esta cultura del desprecio a la vida que parece proliferar. Todos nos echamos las manos a la cabeza. Buscamos herramientas para erradicar este mal, pero parecen no dar resultados.
El Ser Humano siempre ha intentado, intenta y seguirá intentando ser dominador. Imponerse en su hábitat para ejercer su voluntad sobre el resto de sus semejantes. Por lo general, el macho musculado prevalecerá, físicamente, sobre la hembra; el grande sobre el pequeño; el poderoso sobre el débil.
Quizá estemos andando por el camino equivocado. A lo mejor no se trata de buscar igualdad entre personas de diferentes sexos, las cuales no se asemejan en nada. Ni tratar por igual al fuerte como al débil; al más inteligente como al menos inteligente; al más trabajador como al menos trabajador. Después de todo, la búsqueda de igualdad no dejará de ser la búsqueda de una nueva injusticia. ¿Cómo trataríamos de igual al contratar a porteadores de cajas en los puertos?. A partir de ahora deberíamos hablar de personas con cualidades determinadas que, indiferentemente sean hombres o mujeres, solo tienen que cumplir las cualidades exigidas para ejercer en un puesto de trabajo, realizar cualquier actividad o ser consideradas por los demás. Me parece realmente inconcebible que se pida que a una mujer que trabaja junto a un hombre se le pague igual, porque, sencillamente, no hay que pedirlo sino denunciarlo.
Desde ahora no pediré igualdad para hombres y mujeres, sino que exigiré que se persiga los actos delictivos de aquellos que, aprovechando su poder, opriman al desfavorecido. Educaré para la tolerancia y el trato respetuoso hacia el Ser Humano, indistintamente sea hombre o mujer.

Aún queda por ver si la inteligencia radica en sostenerse sobre dos apoyos, creernos que poseemos un lenguaje de comunicación más desarrollado al de otros seres vivos o conquistar nuevos mundos. El total desprecio que tenemos hacia la vida, nuestro bien más preciado, hace patente que el Ser Humano quede bastante lejos del Ser Inteligente del que presumimos cuando nos comparamos con otros Seres que comparten con nosotros el espacio Terráqueo.

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