
Vuelve a amanecer. Volverá a salir el sol. La vida en su continuo no parar se afana en envejecer el presente que como el agua se nos escapa de las manos. Y, nosotros, viviendo de pretéritos momentos felices nos cegamos para mantenerlos en una actualidad desencajada.
Ha amanecido. Vuelve a salir el sol. El primer albor ha diluido la espesura de la noche. Los ruidos urbanos despiertan las conciencias. Las reflexiones se adormecen y la pura realidad se vuelve tangible. En mi cabeza aún resuenan ecos de las cavilaciones: la amistad es puro mercado de conveniencia; el tiempo no madura el ímpetu del baloncestista; la cordura y la lógica son vilmente atropelladas por la envidia y el egoísmo; la egolatría nos aleja de un futuro mejor…
Y mañana volverá a amanecer. Mañana volverá a salir el sol. Pero, quizá, para alguno de nosotros ya no habrá más amaneceres; ya no habrá más salidas de sol. Y, entonces, cruzaremos el umbral en el que caduquen los arrepentimientos, sin vuelta atrás. Por consuelo, sólo nos quedará renacer en la memoria de algún presente.
Ha amanecido. Vuelve a salir el sol. El primer albor ha diluido la espesura de la noche. Los ruidos urbanos despiertan las conciencias. Las reflexiones se adormecen y la pura realidad se vuelve tangible. En mi cabeza aún resuenan ecos de las cavilaciones: la amistad es puro mercado de conveniencia; el tiempo no madura el ímpetu del baloncestista; la cordura y la lógica son vilmente atropelladas por la envidia y el egoísmo; la egolatría nos aleja de un futuro mejor…
Y mañana volverá a amanecer. Mañana volverá a salir el sol. Pero, quizá, para alguno de nosotros ya no habrá más amaneceres; ya no habrá más salidas de sol. Y, entonces, cruzaremos el umbral en el que caduquen los arrepentimientos, sin vuelta atrás. Por consuelo, sólo nos quedará renacer en la memoria de algún presente.


